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Poesía contemporánea II: Yolanda Castaño y Miriam Reyes

Febrero 13, 2017

Y seguimos con mi particular antología de poesía contemporánea, y hoy lo hago con dos grandes poetas gallegas: Yolanda Castaño y Miriam Reyes.

A la primera la conocí en el año 2006, justo después de la publicación de su genial poemario (en versión bilingüe gallego-castellano) El libro de la egoísta. La vi en un programa de televisión de TVE2 junto a Elena Medel (autora de la que también hablaré en próximas publicaciones) y no pude evitar quedar hipnotizado por un vídeo-poema que ella misma había hecho para representar de forma gráfica un fragmento de su libro.

Miriam Reyes es una poeta que conocí años más tarde y a la que perdí la pista durante un tiempo… pero a la que redescubrí en la estupenda iniciativa de El País “Un minuto de poesía”, donde ella misma recitaba de forma magistral el poema que ahora recojo aquí.

Las dos tienen voces literarias muy personales, llenas de expresividad poética, y ambas son muy distintas… por lo que os invito a saber más leyendo un pequeño pedazo de su obra ;) 

Yolanda Castaño (El libro de la egoísta, Visor, 2006)

Hace tiempo que un animal vive nutriéndose del olvido. Pero yo soy la ventrílocua, yo, la tirana loca, la analfabeta. Con el magnífico libro de las venturas agazapado en la vulva. La que no comprendió nada pero lo sintió todo. Soy la ventrílocua, la que corre cantando por los pasillos de plomo, con voz de pizarra. Y abortar fue un deber, una grave necesidad, un desafío. Para cuando el pálido manto de mi memoria se va cubriendo de esta piel que yo seré. Que todas las noches con devoción escribo arrebatadoras cartas de amor y en las madrugadas panegíricos a esta yolanda mezquina, que sabe venderse y               conoce el final.

Soy yo en la cripta y mi nombre dentro dibujado de tiza. Habitaciones concéntricas. Que mi inteligencia no compre mi sentido. El tacto, el privilegio, las ganas de tirarse. Ni tampoco mi cabeza será esclava de mi orgullo. Yolanda la soldada, la comerciante. Porque yo soy la que ni espera. Soy el auriga del ardiente carro. La egoísta porque está sola. Que tanta calamidad me satisface, porque sí mi belleza fundará dinastías. Y entonces será ir con una minuciosidad de devota recogiendo esos minúsculos y dichosos pedacitos de espejo roto que soy. Yolanda me hará un hogar paupérrimo entre sus brazos de mundo y así aprenderé la inenarrable alegría de tener casa.

Y entonces vendrá ese postrímero adviento y La VerbA se hará carne. Y diré: "Yo soy la de la única estirpe de Adnaloy, la que extenderá sus dedos flamígeros sobre el horizonte, la que bajará y después se despojará de su manto y vestirá un sayal, y luego se reclinará y dará de comer su corazón a las bestias". 

Miriam Reyes (Haz lo que te digo, Bartleby, 2015)

Te tengo todo marcado

como un yacimiento arqueológico.

No es extraer los restos de ti lo que persigo

-ruinas de una ciudad tallada en la arenisca-

lo que quiero es penetrarte

taladrar la piedra de tu cuerpo

y este sexo cóncavo de mujer

se vuelve inútil para mi deseo.

 

Cavo en tu ombligo

para entrar por el flujo de tu sangre.

Vacío mi espíritu como aire en tu boca

y te observo respirarme.

Ya sé que no necesito de piel para tocarte

no es eso

lo que yo quiero es hacerme

una cueva en tu cuerpo.

 

Flexiono tus rodillas bajo mis axilas

como los brazos de un taladro.

Las aceras que rompo

son las de tu calle.

 

Con mis pestañas barro

el polvo que levanto de tu frente

y no me detengo hasta que soy tú

y tu sexo es el mío hasta que soy yo

quien está dentro.

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