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La conducta de los animales

Noviembre 02, 2017

La conducta de los animales, de Eduardo Hurtado, es una obra llena de significados, de claroscuros, de piezas de un puzle que uno quiere a toda costa montar y desentrañar. 

Bajo la (casi) simple apariencia de un muestrario de comportamiento animal se encuentra un apabullante universo de símbolos, algunos de ellos especialmente lóbregos y descorazonadores.

(Portada de La conducta de los animales)

Huida, dolor, miedo, incomprensión, dudas, abandono son sólo algunos de ellos.

Atraída por el calor y la luz cegadora, la polilla.

Apenas unos segundos de sublime incendio vital.

La conducta de los animales, con su anómala estructura, su particular distribución del texto y sus numerosas metáforas, es un libro perfecto para ser representado, escuchado, sentido, casi saboreado de forma instintiva y, de nuevo, animal.

De hecho, tener la suerte de ver al autor “presentar” el libro es una experiencia ante todo sensorial: el silencio y los sonidos, la máscara y el disfraz, la intimidad del lugar cerrado. Una atmósfera turbadora que te ayuda a entender que La conducta cuenta una historia; una cruel historia de abusos, de incomodidad, de dolor oculto durante demasiado tiempo.

Hibernar fue, al menos durante unos instantes, lo que tuvimos en común.

La escritura de Eduardo es punzante, diseccionadora, casi aforística. Bajo una prosa afilada y certera, muchas veces despiadada, se puede entreleer el ocaso de una huida.

Los humanos, en su vertiente más animal, adoptan en muchos casos esa conducta irracional de otros seres vivos con menor capacidad de raciocinio: los zorros polares y su feroz apareamiento, los erizos y su forma suicida de cruzar la carretera, los ciervos que abandonan el bosque con los cuernos en llamas, los puercos revolviéndose en su propia mierda.

¿Os suena, verdad? Así no es difícil en absoluto entrar en el juego de los paralelismos con el mundo animal.

Alimañas disfrazadas de otras alimañas, esbozando muecas, ataviados con trajes y tocados de plumas negras.

Homo homini lupus llevado al extremo, a todas las esferas de la vida.

La conducta es un libro completo y casi perfecto en su conceptualización, donde hasta cada pequeña ilustración representa un poema visual en sí mismo y un complemento imprescindible de la palabra escrita.

Donde hubo devastación es más fácil bombardear de nuevo. Así se acaba con los testigos de un construir imposible, destruidos.

Estiércol esparcido en todas direcciones, herrumbre.

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